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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 128 - Número 8 - Mayo
2007 (en Castellano)
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¿Cuál es la acción correcta?

P. Krishna

 De vez en cuando en nuestra vida, todos tenemos que tomar decisiones difíciles y a menudo nos enfrentamos con la pregunta ¿qué es correcto hacer? Tal vez más aún para un teósofo, porque proclamamos ser ciudadanos del mundo, y no estar limitados a la estrecha moralidad de una cultura o religión en particular. Me gustaría examinar toda la cuestión de cómo decidir cuál es la acción correcta y qué  implica tomar esa decisión.

    Si miramos alrededor del mundo, encontramos que el concepto de lo que es correcto e incorrecto varía de cultura a cultura, de religión a religión y a menudo de un país a otro. En la cultura brahmánica de la India se considera que no es ético comer carne, consumir alcohol u otras drogas estimulantes; pero es muy normal para otros hacer esto en India y más aún en occidente. En muchos países la indulgencia sexual fuera del matrimonio se la considera tema privado entre adultos que lo consienten. En otros países uno puede ser ejecutado por ello y se lo califica como un pecado comparable con el asesinato. El matrimonio de una viuda es mirado con menosprecio entre los hindúes, pero es aceptado en el Islam y en la cristiandad.

De modo que, dependiendo de la cultura en particular en la que hemos crecido, y de los valores que hemos asimilado de esa cultura, nuestro sentido de lo que es correcto e incorrecto varía. Esto ha sido así por siglos. Pero ahora es un problema, porque el mundo se ha reducido, tenemos la globalización, un  gran número de personas va a trabajar al exterior, ya sea por comercio o por educación, y vive y contacta gente de otras culturas. Aquellos que han tenido esta experiencia recordarán que la primera vez que entraron en contacto con otra cultura recibieron varios impactos, y que le tomó algún tiempo a la mente examinar y comprender lo que estaba ocurriendo. Estos valores morales diferentes han dividido a la humanidad, porque no se puede afirmar que lo que es  inmoral aquí es moral en otra parte.

Para los teósofos la cuestión asume una importancia aún mayor, porque nosotros consideramos que todos pertenecemos a una familia humana. De modo que ¿cómo definir la acción correcta si no hay una pauta universal? A menudo se dice que uno debe seguir su voz interior, la voz de su propia conciencia, pero la conciencia  también varía de una persona a otra. Alguien que se ha criado como vegetariano se horroriza con sólo pensar en comer o tocar la carne, y se siente culpable pero otro que ha crecido comiendo carne no lo siente así. De modo que nuestra conciencia está condicionada por la cultura y la religión en la cual hemos crecido y las respuestas de los diferentes seres humanos son por lo tanto variadas.

En los mundos de los negocios y de la política se habla de acción correcta como aquélla que ha tenido éxito en alcanzar su objetivo. Lo que fracasa, es considerado como una acción incorrecta, lo que significa que el fin justifica los medios. ¿Es eso cierto? Me pregunto si fue correcto que Buda abandonase a su familia, a su esposa e hijo, y se fuese a la selva para meditar y descubrir la causa del dolor para la humanidad o ¿estaba abdicando a sus responsabilidades sociales y familiares al hacerlo? ¿Estuvo su accionar justificado porque se iluminó y dio un profundo mensaje al mundo? Después de todo, cuando dejó todo, no sabía si se convertiría o no en un iluminado, si encontraría lo que estaba buscando. De modo que ¿cómo puede el resultado justificar la rectitud de una acción previa?

El Sr. Bush justifica las muertes de “inocentes” transeúntes en Afganistán e Irak como “daño colateral”. O sea, no hubo intención de matarlos sino de establecer una democracia, e incidentalmente, mucha gente inocente murió en el proceso. De modo que la razón es un arma de doble filo, se puede argumentar en ambos sentidos. Ciertamente, en todos los casos de los tribunales de justicia hay un abogado en cada lado del asunto. ¿Es correcta la acción que puede ser justificada por medio de argumentos hábiles?

Shakespeare escribió: “Nada es bueno o malo, sino que el pensamiento lo vuelve así.” Muy cierto, pero nuestro pensamiento también está basado en nuestros valores y condicionamientos, y en la atmósfera en la que crecemos; de modo que diferentes personas piensan de distinta manera. Incluso aunque consideremos filósofos expertos, como Bertrand Russell o Will Durant, verán que sus opiniones difieren en lo que es correcto e incorrecto. De modo que, ¿cuál pensamiento hemos de aceptar y sobre qué base?

La gente que ha vivido en diferentes culturas a menudo afirma que es práctico suponer que lo que está haciendo el noventa por ciento de las personas que nos rodean, es lo correcto. De modo que si intentamos tomar un autobús en Dehli y allí la gente no hace cola, es correcto empujar a los demás para entrar en el autobús; pero no es correcto en Mumbai, donde todos se ponen en fila y respetan la cola. En India, si en una familia todos son vegetarianos, eso es lo correcto de hacer; pero cuando vamos a occidente, es correcto comer carne, porque eso es lo que la mayoría de la gente hace allí. Nosotros también tenemos la expresión: “Cuando vayas a Roma, haz lo que hacen los romanos”. Esta es una de las instrucciones que se promocionan a menudo.

¿Es la acción correcta algo a ser votado y decidido por la mayoría? ¿Sería correcta la práctica de sati  a una viuda en la pira funeraria de su esposo porque un millón de personas lo aprueban, o sería aún así incorrecta? Si observamos nuestra propia vida, encontramos que cuando estamos perdidos para discernir lo que es correcto o incorrecto por medio de nuestra propia inteligencia, volvemos a la tradición e imitamos lo que nuestros padres o mayores hicieron en una situación similar. Esto quiere decir, que si nuestros padres pensaron que “la letra con sangre entra, entonces, cuando nuestro hijo es travieso tendemos a imitarlos  golpeándolo, porque fuimos golpeados en nuestra niñez. Eso significa que estamos perpetrando una acción incorrecta, de una generación a la siguiente. Con seguridad esto no es muy inteligente. Así se han perpetrado muchos errores, se han justificado con toda clase de argumentos hábiles, históricos,  y de otro tipo. De este modo, la discriminación basada en la casta, la raza o el género, ha permanecido en la sociedad durante miles de años. Podemos llamarla “nuestra cultura, nuestra tradición, pero ¿eso la hace correcta? ¿O es la discriminación un mal de todos los tiempos sin tener en cuenta dónde, cuándo y cuánto tiempo ha sido practicada? ¿Hay consideraciones universales o valores morales sobre los cuales podamos basarnos, para tomar una decisión por nosotros mismos cuando nos enfrentamos a tales dilemas?

¿Existe  una solución secular, racional, científica para este problema? Si se le pregunta a una persona secular, hablará acerca de un iluminado interés propio. Sabemos que todos estamos interconectados, que no estamos viviendo aislados, por eso lo correcto o incorrecto de una acción se debería decidir basándonos en el efecto que tendrá a largo plazo en la totalidad, no solamente en el efecto sobre uno mismo. Eso suena bastante racional. A menudo se dice que la honestidad es la mejor actitud. Eso significa que la honestidad no es una virtud moral; es la mejor acción porque es la  que tiene éxito a largo plazo, aún en los negocios. De modo que, nuevamente estamos pensando en términos de éxito, no en términos de moralidad.

Basados en este principio, podemos crear una fórmula científica para decidir si una acción es correcta o incorrecta. Consideren cómo afecta la acción a todos los que están conectados con ella. Inclúyanse a sí mismos como una de las personas. Permitan que (+dH) indique la felicidad/ placer/gozo que le produce a un individuo en una unidad de tiempo. Si esto causa infelicidad/ disgusto/ incomodidad, trátenlo como negativo (-dH). Ahora súmenlo para todos los individuos, en todo el tiempo, como una serie. En la ciencia, lo llaman integración. Si el resultado es positivo, la acción es correcta; si es negativo, ¡la acción es incorrecta!

Este concepto tiene sentido, pero, ¿cómo hacer lógica la integración mental? No existe (una fórmula matemática para sumar esta serie, y las diferentes personas le darán distinta importancia a las diferentes consideraciones. La persona egoísta dirá que el primer término (incluyéndolo a él, a su esposa, a sus hijos o a personas cercanas) es el más importante; y todos los otros, referidos a los demás ciudadanos o al medio ambiente podrán ser ignorados. Eso es precisamente lo que significa ser un egoísta. Otro, que esté apegado a su familia y sienta mucho por ellos, incluirá a su mujer e hijos, pero excluirá a otras personas. De modo que la lógica falla debido a que ¡a los diferentes términos de la serie se les dan diferentes valores dependiendo del estado de la conciencia individual y de la grandeza de corazón! Por lo tanto, el dilema no se resuelve volviéndonos seculares o liberándonos de la tradición.

Esto nos lleva a la definición espiritual de lo que es una acción correcta o incorrecta. Esta definición no está basada en consideraciones de éxito o de fracaso. No está basada en los resultados de esa acción. Está basada en el estado de conciencia del cual surge esa acción. Si la conciencia de la cual emana es egoísta, de mente estrecha y desordenada, es una acción incorrecta, aunque produzca los así llamados resultados deseables o buenos resultados. Si emana de una conciencia amorosa, compasiva, no violenta, generosa, etc., entonces es una acción correcta aunque fracase. Una conciencia así es disciplinada; tiene virtud.

De esta manera, la acción del Buda al abandonar a su mujer y a su hijo e irse al bosque, sería correcta si lo hizo por amor y compasión a la humanidad; y la misma acción sería incorrecta si lo hizo por razones egoístas, porque quería alejarse de sus responsabilidades. La cualidad de la mente que toma una decisión, determina si  esa decisión es correcta o incorrecta. Es por esto que las virtudes necesitan ser definidas, no en términos de acciones externas, sino en términos del estado interno o de la motivación de la que surge dicha acción.

Si, como teósofos aceptamos esa definición de virtud, entonces lo más importante que tenemos que hacer es lograr una conciencia disciplinada, porque tiene la sabiduría y la inteligencia para darse cuenta de qué es una acción correcta. Cuando alcancemos ese estado de virtud, de ser iluminado, entonces hagamos nuestra voluntad - siempre será correcto.

Debido a que no hay un interés propio en esa conciencia, no existe la parcialidad  del “mi” y el “mío”. Krishnamurti lo expresó de otra manera, él dijo: “Alcanza el amor y haz tu voluntad”. Entonces no tenemos que pensar, que calcular y demás. Pero hemos de comprender lo que quiere  decir con “amor”. Para él “amor es la ausencia del yo ”. No está hablando de romance, apego o sentimiento. Sólo hay amor cuando el auto interés no es la motivación. Esa es la definición del verdadero amor, el amor del que hablaron Jesús y el Buda. Hoy en día, esa palabra circula con tantos significados superficiales, que debemos ser cuidadosos para descubrir su significado original, que proviene de los sabios.

El Buda señaló hace 2500 años, tres grandes verdades acerca de la conciencia humana. La primera era un hecho observado: el dolor existe. Hay mucho sufrimiento psicológico en la conciencia humana. Esto es un hecho. La segunda verdad era que el sufrimiento tiene una causa, que es la ignorancia – no como falta de conocimiento, sino como  ilusión. Muchas ilusiones están presentes en la mente. Una ilusión es algo que asumimos como cierto cuando no lo es, o algo a lo que hemos dado una enorme importancia, cuando verdaderamente no es importante en la vida. Comprender esto y liberar la mente de lo falso, es sabiduría. Hay muy poca sabiduría en una mente que está llena de ilusión.

La tercera gran verdad que el Buda señaló fue que la causa del dolor puede ser eliminada. La causa del desorden radica en la ilusión; por lo tanto puede ser eliminada. No podemos eliminar un hecho, podemos solamente eliminar la ilusión, porque cuando descubrimos qué es lo verdadero, lo que es falso desaparece. Como ilustración, si imaginamos que hay un fantasma escondido en cada árbol, cuando salimos de noche sentimos miedo del fantasma; pero toda la cuestión es imaginaria, ilusoria. Si sabemos que no hay fantasmas; que es sólo algo que nuestra imaginación ha confabulado  porque quizás desde nuestra niñez se nos ha hablado de fantasmas, entonces el temor desaparecerá. El temor o el dolor han sido creados por nuestro propio pensamiento o imaginación, y si descubrimos que es falso, se termina. Por lo tanto, la ilusión puede finalizar a través de la búsqueda de la verdad. Cuando se termina la ilusión, desaparece el correspondiente desorden en la conciencia. Toda (la) división entre los seres humanos también ha nacido de la ilusión, de modo que puede terminar, y eso es sabiduría.

La Teosofía es la búsqueda de la sabiduría, que es sinónimo de la búsqueda de la verdad y la finalización de la ilusión. Eso a su vez es lo mismo que terminar con el desorden de la conciencia. Si el desorden finaliza, hay orden. No tenemos que cultivar el orden. Hay un estupendo orden en la Naturaleza. Es la manifestación de ese orden en el mundo exterior lo que los científicos están estudiando. En nuestro cuerpo también, hay un orden magnífico. Mil cosas están ocurriendo ahora en nuestro cuerpo de una manera ordenada, y todo lo que hacemos nosotros es comer algo y hacer algún ejercicio. Lo que está obrando es el orden o la inteligencia de la Naturaleza. Eso es lo que mantiene andando a esta máquina – no nuestra inteligencia. Esa inteligencia, ese orden cósmico, debe operar también en nuestra conciencia, porque ya existe. Pero hemos impuesto nuestra propia “inteligencia”, que está condicionada y tiene un particular sistema de valores  que no hemos cuestionado. De ellos surge la división, el odio, la discriminación y la violencia. Esto crea al ego como yo separado, haciéndonos sentir que es valioso actuar por interés propio. Pero eso es una ilusión. ¡No está realmente en nuestro propio interés actuar por interés! Por ejemplo, si uno es corrupto y acepta un soborno, parece que saca provecho de eso. Si el provecho es la principal consideración, esa parece ser la acción correcta. Si es acción correcta para uno, debe serlo para todos. Seguramente esto no puede ser negado. Pero si cuando vamos a matricular a nuestro hijo a una escuela o lo llevamos al hospital para un tratamiento, el administrador de la escuela o el doctor es corrupto, todos sufrimos, porque dependemos los unos de los otros. El ego puede buscar algún beneficio inmediato, pero eso es una ilusión. No es realmente un beneficio, porque a la larga, si continuamos siendo egoístas perdemos todos, y la violencia es el resultado; todos sufrimos porque no somos entidades aisladas.

La Teosofía va mucho más allá. Dice que los seres humanos, así como los animales, las plantas, los ríos, el universo, constituyen  una unidad, ya que todo está conectado con todo lo demás. Eso es lo que vimos en una película de Al Gore titulada “Una Verdad Inconveniente”, donde dice que toda la tierra y su medio ambiente es como un enorme organismo vivo que ha sobrevivido por billones de años con cierto equilibrio surgido de la inteligencia de la Naturaleza; pero que la “inteligencia” humana ahora está rompiendo ese equilibrio, y eso no es realmente inteligente. Esa es otra gran ilusión de la humanidad.

Un verdadero teósofo, debe investigar profundamente lo que es verdadero y lo que es falso y alcanzar el autoconocimiento; entonces esa sabiduría, esa inteligencia despierta, nos dirá, en todo momento, lo que es correcto hacer.

 

 

 

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