Autor: Maribel (Page 2 of 4)

El auge del turismo místico y religioso

El Vaticano, Tierra Santa, El Camino de Santiago, Lourdes, …; todos destinos turísticos que tienen en común como motivación principal la fe y el fervor religioso; destinos que, en tiempos de crisis, parece que no han mermado en sus cifras, sino que, al contrario, en los últimos años han visto aumentar sus adeptos y, en consecuencia, las ofertas por parte de las agencias de viajes.

Se calcula que sólo en Europa más de 15 millones de personas se apuntan a viajes que, en mayor o menor medida, tienen un componente religioso, razón por la cual han proliferado agencias de viajes y operadores especializados en este sector cada vez más importante en el turismo. Tal vez sea por la necesidad que tiene la gente de trascender a la vida cotidiana, de buscar algo que llene sus vidas más allá del trabajo diario y la, muchas veces, intrascendencia de lo cotidiano; pero lo cierto es que las cifras están ahí y cada año hay más gente que coge sus maletas hacia destinos religiosos, hacia destinos místicos.

En esta categoría podemos incluir también todos aquellos viajes que, en sentido estricto, no se encuadrarían en una finalidad religiosa, pero que sí, en cambio, tienen algo de místico, de atracción por lo misterioso de otras culturas o civilizaciones, ya sean vivas, ya sean extintas. “Machu Picchu”, Cuzco, Egipto, Tailandia, “Chichén Itzá”, el Tíbet, India, …; son también opciones turísticas que responden, en esencia, al impulso de quienes eligen destinos turísticos envueltos en magia y misticismo, destinos turísticos con los que se busca trascender lo físico hacia lo espiritual, en una especie de huida de la pesada carga que supone lo cotidiano, del hastío del día a día y su agobiante trasiego.

Aunque, en realidad, todo viaje supone una especie de búsqueda de nosotros mismos, una escapada del mundanal ruido que nos permita, durante unos días, eschuchar a nuestro Yo interior en aquellos lugares que siempre hemos soñado visitar y que nos trasladan a esos mundos que nuestra imaginación ha ido construyendo durante toda una vida, mundos de evasión que, quizás, nos permiten vivir por un instante una vida ideal e idealizada lejos de la real y material que nos ha tocado en suerte y que, sin duda, siempre nos resultará más insoportable que la que nuestra imaginación ha ido construyendo; lo cierto es que este tipo de viajes que ahora nos ocupan subliman esas sensaciones que buscamos en todo viaje, ofreciendo al viajero la posibilidad de evadirse a mundos místicos, a mundos pasados que, sublimados en nuestra imaginación, nos transportan hacia sensaciones difícilmente explicables y que cobran vida en lo espiritual, en aquellos rincones más profundos de nuestros sentimientos, sentimientos que fluyen a borbotones cuando recorremos esos lugares mágicos, místicos que nos atrapan para siempre en un torbellino de espiritualidad que a más de uno ha llevado a replantearse el sentido de su vida.

Ya sea la fe, el misticismo o la necesidad de trascender de lo físico a lo espiritual, lo cierto es que este tipo de viajes se caracterizan por atraer a un perfil muy concreto de viajeros, viajeros que buscan mucho más que pasar unos días de vacaciones y desconectar de la rutina diaria. Estos viajeros buscan un conjunto de sensaciones que ni los “resorts” ni los grandes complejos turísticos pueden ofrecer; buscan experiencias que no se encuentran ni en los grandes complejos hoteleros, ni en las playas azul turquesa del Caribe, sino entre las piedras milenarias que atesoran las bases de civilizaciones como la nuestra, ya sea en Jerusalén, ya sea en El Vaticano, ya sea en la “isla de los templos” (Bali), ya sea en todas y cada una de las encrucijadas del Camino de Santiago. Templos, lugares sagrados, rutas místicas, peregrinaciones a mil y un lugares llenos de Historia, de misterio, de magia y encanto que nos trasladan a tiempos pretéritos que, por uno u otro motivo, nos atraen hacia ellos y lo que simbolizan.

Desde la más sencilla procesión de Semana Santa en Granada, pasando por el mestizaje de la Semana Santa en Ayacucho, y llegando al misticismo del Himalaya, son propuestas que atrapan a los viajeros enamorados de este tipo de viajes, para los que existen infinidad de ofertas de viajes que tienen por objeto satisfacer las exigencias de unos viajeros diferentes, quizás más propios de aquellos grandes viajes decimonónicos en los que el viaje se disfrutaba antes de partir, en el mismo momento en que comenzaba a planearse, dejando volar la imaginación pródiga en experiencias espirituales, viajes en los que lo de menos era llegar, siendo lo más importante atesorar cada minuto, cada segundo de la experiencia de viajar.

Evidentemente, todo viaje tiene sus motivaciones más íntimas, despertando en el viajero sensaciones indescriptibles y únicas, pero quizás sean los viajes místicos y religiosos los que tienen unas motivaciones más profundas, despertando en el viajero sensaciones que más difícilmente se puedan explicar, ya sea desde la fe o desde cualquier otra motivación alejada del fervor religioso, motivaciones que, en todo caso, tienen como denominador común la creencia en algo superior que carece de explicación pero que, seguro, se encuentra flotando en el ambiente místico y mágico que envuelve a lugares como los descritos.

La divina inspiración de las escrituras

El designio divino 

Entre las marcas características de la Palabra de Dios, ninguna es más admirable ni trascendente que el designio que el Espíritu Santo ha tenido a bien grabar de forma indeleble en cada uno de los diversos libros de la Escritura así como en el conjunto de la colección. Y esto no sólo en el Antiguo Testamento y en el Nuevo por separado, sino en ambos como partes constitutivas de lo que al menos nosotros los cristianos denominamos «la Biblia». Hay faltas de transcripción tanto en el hebreo como en el griego.

Hay defectos y errores de traducción tanto en las versiones antiguas como en las modernas. Y los errores abundan aún más en los comentarios, desde los más primitivos existentes hasta los de nuestros días. Pero todas estas imperfecciones juntas —por más que alguna pueda ocultar el testimonio de un detalle— son incapaces de empañar —salvo en una pequeña medida— la exquisita belleza de las Escrituras que el ojo del creyente instruido percibe. «Por siempre cantando mientras iluminan, la mano que nos hizo es divina.» Y esto va mucho más allá de la órbita del cielo —de donde uno de nuestros poetas empleó las palabras—; pues lo que es material se hunde detrás de la expresión de las palabras, la mente, los benignos afectos y los gloriosos propósitos de Dios para Sus hijos y Su pueblo, y para todas las naciones también, las cuales hallan su centro, objetivo y cumplimiento en Cristo, el Hijo de su amor y el Señor de todo.

Huelga decir que la incredulidad falta en no oír a Dios en su Palabra. Así lo testifica la misma Escritura, y así ella misma lo ha demostrado desde que se escribió y difundió en toda edad, país y lengua. No podía ser de otra manera con toda la raza humana alejada de Dios. El apóstol Pablo escribe a los romanos: “Por cuanto los designios [lit.: la mente o el pensamiento] de la carne son enemistad contra Dios” (Romanos 8:7); y a los corintios: “El mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría” (1.ª Corintios 1:21).

¿Quién no se maravilla cuando lee las abrumadoras palabras dirigidas a los efesios: “Estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis [vosotros los gentiles] en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros [los judíos] vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira” (Efesios 2:1-3)? Y a los colosenses les dice: “Y a vosotros… que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras” (Colosenses 1:21). Existe, pues, una repugnancia innata a Dios y a su Palabra en cada hijo de Adán; y de aquí vemos la absoluta necesidad del nuevo nacimiento, tal como nuestro Señor le aseguró a Nicodemo: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3-5). Y si no creían cuando el Señor les decía cosas terrenales, ¿cómo creerían si les dijere las celestiales? Pues el reino de Dios comprende ambas, siendo Cristo el Heredero de todas las cosas, el cual está ahora en lo alto, y pronto será manifestado como Cabeza sobre todas las cosas.

Mas todo esto y, más aún, el fundamento de todo —que estriba en su gloria personal y en la eficaz obra de reconciliación por su muerte—, es desconocido así como despreciado por la arrogante incredulidad del hombre. Ésta no ve en la Escritura (por decir el Pentateuco, el cual constituye el fundamento mismo del Antiguo Testamento, y el cual es sostenido asimismo como divino en el Nuevo) más que una obra de retacitos de antiguas leyendas humanas, las cuales por más que se agrupen todas juntas en los días de Samuel o aun en los de Josías, si no más tarde todavía, ni siquiera conforman, si no una impostura, al menos una novela o una fábula. Mas esta infundada incriminación de los viejos deístas ingleses constituye un fraude absolutamente abominable, satinados a la fecha por la perniciosa ingenuidad y la voluminosa aunque exánime erudición de sus modernos sucesores, principalmente en Alemania y Holanda, sin mencionar a sus discípulos de habla inglesa.

“Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, e hicieron abominable maldad; no hay quien haga bien. Dios desde los cielos miró sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido que buscara a Dios. Cada uno se había vuelto atrás; todos se habían corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno” (Salmo 53:1-3). Así es como tratan a su Palabra aquellos que se autotitulan «altos» —aunque en realidad escépticos— críticos. Ellos excluyen a Dios de la autoría de las Escrituras. Ninguno de ellos acepta honestamente el fallo del Señor dado por intermedio del apóstol Pablo: “Toda Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2.ª Timoteo 3:16). Ésta es una cláusula que afirma de forma expresa la divina inspiración, no sólo para los escritores, sino que lo dice de cada jota, aun la que todavía faltaba escribirse, como Escritura. Él ya había hablado así del Antiguo Testamento en el v. 15, el cual es distinguido mediante el empleo de un término diferente a fin de dar luego el mayor énfasis.

De esta manera incorpora cada parte de lo que la gracia estaba proveyendo como la última comunicación de Dios. Naturalmente que la palabra que Timoteo conocía se aplica a lo que fue escrito antiguamente; pues las Escrituras, como otras dádivas de Dios, son encomendadas al cuidado de los Suyos, los cuales son siempre propensos a fracasar en guardar intacto —lo mismo que a comprender debidamente y a transmitir a los demás— el santo depósito. La legítima función del crítico consiste, pues, en remover tales intrusiones humanas a fin de que el lector pueda tener la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, la cual no se encuentra en ningún otro libro excepto en la Biblia; no, ni en todos los demás libros juntos.

 

 

La religión como parte principal de la cultura

No hace falta decir, que el Islam es la religión principal en Qatar.  aprender algo sobre el Islam y el respeto de sus tradiciones y prácticas es importante para todas las personas que, como yo, estén interesadas en la cultura en Qatar.

Características

Tened en cuenta, que los seguidores de la fe islámica son los musulmanes. Para ellos, Islam no es sólo una religión, sino una forma de vida que rige y guía su camino a través de este mundo y el siguiente. Es una parte integral y generalizada de todos los aspectos de la vida. El culto público, aquí, es visto como más importante que casi cualquier otra cosa. Libros religiosos y escritos se encuentran en todas partes. La frase ‘En el nombre de Dios, el compasivo, el Misericordioso’ se encuentra en la parte superior de la mayoría de la correspondencia.

Islam significa ‘sumisión activa a la voluntad de Dios’. La religión enseña que Dios controla absolutamente todo. Escucharás ‘La ilaha illa Allah, Mohammadun rasulu Allah’ (‘no hay Dios sino Dios, y Mahoma es su Profeta). Mahoma nació en Meca en alrededor de 571AD y comenzó a recibir revelaciones en la edad de 40. Tres años más tarde, comenzó a predicar, para desafiar a las religiones paganas locales. Como resultado, Mohammed y sus seguidores – musulmanes – tuvieron que huir a la ciudad de Medina de 622AD. Este éxodo es considerado como el comienzo de la era musulmana y es año cero. El comienzo del calendario islámico. De la misma manera la fecha de nacimiento de Cristo es el comienzo del calendario cristiano.

El Sagrado Corán (Qu’ran) es la palabra de Dios según lo revelado por el ángel Gabriel al profeta Mohammed en la Meca. El principal punto de desacuerdo con el cristianismo es, que mientras los musulmanes perciben y veneran a Jesús como un Profeta (segundo en estatura a Mahoma), disputan su divinidad. En las palabras del Corán, ‘ni era nacido de Dios, ni lo dan a luz’. El musulmán cree que todas las personas nacen al Islam pero se desvían a otras religiones, generalmente por sus padres.

Hay 5 pilares del Islam: fe, rezo, caridad, ayuno y peregrinación.

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